MEMORANDUM


A TODA LA POBLACIÓN MUNDIAL
DE: RUTH ANGÉLICA AVALLAY.
FECHA: 9 DE MARZO DE 2020
ASUNTO: “MIL MANERAS DE SALVARNOS”

Con motivo de ésta crisis profunda que atraviesa la humanidad, y que hoy se manifiesta a través de una pandemia y el peligro inminente de muerte por contagio del “corona virus”, del cual algunos científicos ya se atreven a prever, una devastación del 70% de la población mundial para el año 2021. Es que quisiera compartirles algunos pensamientos que tal vez puedan servir como punto de partida para reflexionar y tomar conciencia.
Pero antes de pasar al asunto les invito a leer en ésta misma página, un relato de mi autoría, basado en uno de mis sueños de tipo premonitorio ( 1 de abril del 2018) llamado “EL PORTAL” en el cual podrán encontrar algunas referencias e ideas respecto al tema y a las premoniciones.
*No subestimar la palabra y las ideas de los otros sin antes, al menos, analizarlas.
*Meditar profundamente sobre nuestra existencia y la de los demás en nuestro planeta. Hacerse, a menudo, las grandes preguntas existenciales: ¿Quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos?
La introspección y el auto reconocimiento son verdaderos valores, pues para desarrollarnos necesitamos crecer también verticalmente, (mayor conciencia) y no sólo de forma horizontal, con el propósito de obtener cosas materiales.
*Prestar atención a nuestros estados oníricos, ellos pueden ser la clave. No nos olvidemos que poseemos un alma inmortal, que todo lo sabe.
*Comprendamos, que si bien, somos seres racionales y con una inteligencia…es posible que ésta condición no sume tanto en éste momento. Quizás ha llegado la hora de reconocer que hemos fracasado y perdido el rumbo, aún después de haber alcanzado la civilización, el avance de la ciencia y la tecnología.
* Plantearse comenzar de nuevo, buscar y encontrar, al fin, el verdadero camino. Ésto tendría que ser una prioridad para la salvación de la especie… ¡no hay que perder las esperanzas!
*No temamos reconocer que, evidentemente, hay una mente y leyes superiores que nos rigen y a las cuales hemos transgredido persiguiendo a nuestros propios intereses y fenómenos mentales. Estoy segura que si consiguiéramos arrepentirnos, todo cambiaría para bien… y no se acabaría el mundo.
* Si tenemos alguna creencia, sería bueno manifestarla en las calles, transportes e instituciones públicas. Rezar sin culpa y sin vergüenza, podría llegar a ser una buena táctica.
*Volver de inmediato a toda fuente de sabiduría… ¡tenemos mucho que aprender, todavía, y demasiado por perder!
*Ser solidarios y amorosos con el prójimo. ¡El amor es vida!
*Restaurar la naturaleza…la hemos herido…pero aún estamos a tiempo de recobrarla.
*Recuperar el sentido de la justicia, el amor y la paz. Pero no desde una perspectiva de valores universales. Los ideales suelen perderse en un mundo abstracto…y las palabras no alcanzan, lo que cuenta es transformarlas en acciones concretas.
El verbo amar por sí solo no es significativo, pero conjugado se convierte en una acción todopoderosa: yo amo, tu amas, el ama… nosotros amamos, ellos aman.
El salva, tus salvas, nosotros salvamos, ellos salvan…al mundo.
La imagen puede contener: cielo, nube, planta y exterior
Ruth Angelica Avallay Escritora

POEMAS Y REFLEXIONES

 




¡Buenas noches queridos lectores y amigos!

En este espacio quiero compartirles mis poemas y reflexiones.
 Creo que es importante que sepan que en cada palabra aquí plasmada va una gran parte de mi alma y corazón. Y digo esto porque tanto los poemas como algunas de mis reflexiones y pensamientos, sólo los escribo cuando me encuentro totalmente inspirada.
Espero los disfruten.  









UN SOLDADO REZA

 



Un soldado reza en plena calle apenas el sol asoma.
 
Toma su talit y se lo hecha a los hombros, envuelve poco a poco, su brazo con los tefilín, recoge su libro de rezos y luego se dispone a orar con naturalidad: igual al obrero que inicia su diaria jornada, al capitán  que dirige el timón de su barco y al mendigo que come hambriento su pan ocasional.

Su voz se escucha como un susurro solemne en medio del silencio reinante.

De pronto a su lado surge un pensamiento que se eleva de prisa, como el humo hacia el cielo:

¿Por qué lo hace? ¿Será por tradición o por temor?

Es un alma temerosa que desea sobrevivir y piensa  que tal vez ese Dios tan venerado, aleje de ella al mal.

Y continuó con su introspección:
" No hay dudas que este pueblo sólo por el amor del creador persiste".

Y continúa así desde tiempos milenarios, cuando de todos los confines de la tierra sus enemigos no dejaban de acecharlo.

"Y actualmente fueron más de cuatrocientos misiles de alto impacto que cayeron uno tras otro, sobre esta ciudad, la noche anterior.
Pero ninguno apagó la vida de nadie, excepto la de los mismos lanzadores...y es sabido que no es la primera vez que esto sucede".

¿Será porque hasta las rocas del desierto recuerdan aquella promesa milenaria?

" Caerán mil a tu diestra y siniestra, pero a ti no te tocarán."

Finalmente aquella alma comprendió que no podría hallar una explicación razonable, fuera de una fe inquebrantable.

Y sólo por intuición decidió unirse a la oración:

Sé que nada es imposible para ti. ¡Oh rey loado!
Soy un alma errante que hoy clama a ti salvación.

Derrota al enemigo con poder, toma el mando de tu ejército.
¡Pelea junto a tu pueblo!

¡Escúchanos...oh rey del universo!
 ¡Escucha, por favor, la voz de tu valiente siervo!
 



 





EL PANTANO




Imagen original, tomada en zona de sierras en la provincia de Córdoba Argentina.






El calor era tan insoportable y húmedo que por momentos tuvo la sensación de estar nadando en un caldo espeso dentro de una olla en erupción.
 Yamile era una joven que junto a su familia, en circunstancias difíciles y casi accidentales, habían ido a parar a ese pueblo hostil al cual odiaban, a más no poder, pero que soportaban ante la firme decisión de abandonarlo apenas surgiera una mejoría en sus finanzas a fuerza de duro trabajo. Les desagradaba la idiosincrasia hechicera de la gente del lugar y la manera de tratar a los forasteros, (viajeros y turistas). Según las estadísticas, se consideraba una sociedad endémica por alcoholismo, pero sus habitantes minimizaban la cuestión argumentando que era sólo una costumbre alegre que se practicaba sólo para vencer la timidez excesiva de los lugareños.
 Para Yamile, el flagelo era una excusa más para obviar lo innegable de una cultura retrógrada y desviada.

 Su empleadora, Emilia Márquez, dueña del restaurante, se había retirado antes de la hora del cierre, algo raro en ella porque jamás permitía que sus empleados se quedaran fuera de horario en su negocio,  sin su estricto control y supervisión.
Ahora Yamile debería ir caminando hasta la ruta a esperar el autobús que la llevaría a casa, puesto que su patrona no estaba para llevarla en coche como lo venía haciendo desde hacía un año, cada atardecer, cumpliendo con una de las pocas atenciones de la que era capaz de brindarle.
  La mujer tenía dos hijas adoptivas, Ernestina y Cecilia,  dieciséis y catorce años respectivamente.
 A quienes trataba como sirvientas y que, además, parecía no importarle en absoluto sus vidas, mandándolas en horarios insólitos en compañía de algún peón a cumplir con algún supuesto “quehacer” y, además, se dirigía a ellas de un modo despectivo y altanero cuando creía no tener testigos cerca, sin embargo, delante de los clientes y empleados, simulaba con total histrionismo un cariño evidentemente inexistente. 
Todo el mundo era consciente de esa dolorosa realidad, sin embargo, preferían callar antes que enfrentarse al implacable poder de la dama más influyente del sector. 
Cuando Yamile salió hacia el camino de la pendiente, el sol aún le daba de lleno en la cabeza y sus rayos brillaban en sus negros cabellos.  Al llegar a mitad del sendero, notó como rápidamente las sombras les ganaban a las luces en el horizonte púrpura, avanzando rápidamente hasta cerrarse en una oscuridad.
  
El silencio era tan intenso, que podía escuchar los latidos de su corazón a cada paso. La ropa se le pegoteaba en el cuerpo y los mosquitos la devoraban sin clemencia. Maldiciendo, se detuvo un momento para encender el celular que, para colmo, indicaba apenas dos líneas de batería.
Apresuró el paso mirando con recelo a su alrededor. Pronto, los árboles de eucaliptos se habían convertido en monstruos somnolientos, recostados unos sobre otros ahogando los últimos resplandores del atardecer. Las piedras en el sendero curvo y polvoriento, se le antojaban bultos de criaturas burlonas esperando, al acecho, el momento oportuno para hacerle tropezar y lanzarse a la cara sus estruendosas carcajadas. Arriba se divisaba el imponente muro de contención del dique, el cual, conservaba el agua para abastecer a la población y regar los campos  sembrados. Debajo del paredón fluían las aguas de las napas permanentemente, que con el tiempo habían formado un tenebroso pantano cubierto de juncos y algas. Sus pesadas y oscuras aguas estancadas, despedían un olor pestilente y una nube de mosquitos salía de las espesuras deseosos de beber sangre.

 El pantano, era sin dudas, el lugar más peligroso de toda la zona aunque a simple vista no se lo podía advertir ya que al estar oculto entre la vegetación, cualquier desprevenido podría caer en su trampa y morir allí anónima mente.
 
 Yamile aceleró el paso cubriéndose la nariz con un pañuelo recordando las palabras de una de las hijas de su patrona, Ernestina, quien, en una oportunidad, mientras pasaban por el lugar en automóvil le advirtió: -si alguna vez recorres este camino a pie, jamás te detengas frente al pantano. ¡Huele realmente mal! Es una verdadera tumba, la gente de los alrededores arroja toda clase de deshechos allí, inclusive animales muertos, el juncal es un nido de víboras, la yarará, por ejemplo, es capaz de matar en segundos a una vaca con su poderoso veneno.
 Y ni hablar de la gigantesca lampalagua, una horripilante serpiente de piel oscura que puede llegar a medir de dos a tres metros, se alimenta de roedores y de otros animales más grandes.
De pronto oyó un suave rumor entre la broza oscura en dirección a la ciénaga, al instante un grito desgarrador estremeció el silencio reinante. Presa del pánico se lanzó a toda carrera cuesta abajo, tratando de llegar al otro bar ubicado a unos doscientos metros más adelante, donde, al menos, se sentiría a salvo a la luz de las farolas que rodeaban al predio, aunque sabía de antemano que el lugar estaría desierto ya que todos los servicios de la zona cerraban a la misma hora. Una más, de las tantas rarezas de los comerciantes regionales, no mostraban ningún interés en ganarse a los turistas, quienes, bajo esas circunstancias huían hacia otros pueblos de los alrededores, buscando mercancías y buena atención.

 Al llegar frente a la entrada principal, miró hacia adentro y notó que la calesita, ubicada en medio del hermoso parque central rodeado de pinos, estaba en pleno funcionamiento sonando con una suave melodía infantil y a unos metros en la galería, las luces permanecían prendidas y tanto las mesas  como las sillas del bar, perfectamente distribuidas alrededor. Se sintió esperanzada por un momento pensando que, tal vez, hubiera gente que pudiera atenderla.
 Se ubicó detrás de la tranquera buscando un llamador, rogando que, por milagro, alguien respondiera. Tocó la campanilla con insistencia, cuando de forma inesperada le salió al encuentro un enorme perro belga, ladrándose furiosamente.
 Ahogando un grito se cubrió el rostro de forma instintiva con su antebrazo pensando en un inevitable ataque, sin embargo, el animal, negro como la noche, resopló en un intersticio y para honor de su raza, rascó el suelo hacia atrás con sus enormes patas traseras levantando una nube de polvo y exhibiéndolo sus filosos colmillos amenazante, saltando la escasa valla y dispuesto a atacarla hasta hacerla trastabillar y caer, pero, curiosamente, sin tocarla.
.____ ¡Auxilio! ¡Auxilio! Gritó con todas sus fuerzas. Un hombre joven y robusto que salió detrás de los baños del camping de al lado, le chifló al perro, y amenazándolo con un palo, lo obligó a retroceder hacia adentro de las instalaciones del restaurante; el animal siguió gruñendo pero en forma lenta fue deponiendo resistencia hasta que se quedó echado en aparente calma en un rincón, mirándolo aún con los ojos rojos y desafiantes.  
Luego el hombre se acercó hasta la entrada y parándose a medio metro de distancia de ella, dijo con gesto de preocupación:  
____ ¡Buenas noches señorita! ¿Está Ud. bien? Y agregó. ____Yo soy el cuidador del camping.  
 Yamile lo miró con la barbilla hacia arriba, abrumada por su intimidan te apariencia: era extremadamente alto, con una mirada penetrante y voz de ultratumba.   
____ ¡Buenas tardes! Disculpe la molestia señor, ya estoy bien. ¡Gracias! Respondió, tratando de levantar la voz al ver que el hombre daba media vuelta y se alejaba presuroso hacia las instalaciones del camping, sin esperar respuesta.
 Yamile, casi, se arrepintió de haberse aparecido por ahí a pedir ayuda.  
Continuó la marcha hacia el puente que cruza el afluente de las turbinas des aguadoras de la concavidad del dique, a unos doscientos metros de la ciénaga. Se detuvo unos instantes para ver la hora en el celular, eran las 20  y recordó que el autobús pasaría a las 20: 45 y si no se apresuraba lo perdería, por tanto, eso significaría caminar por la carretera orillando el río, enfrentándose a las misteriosas apariciones nocturnas de las que la mayoría de los campesinos hablaban: el caballo blanco saliendo a todo galope de la iglesia abandonada, el solitario hombre de negro y el ahorcado, balanceándose debajo de un árbol en el bosquecillo de la última curva. No lo pensó dos veces, y apresuró sus doloridas y cansadas piernas.  
No había recorrido ni medio kilómetro, cuando ve salir una camioneta oscura del bar en dirección a la salida.
Instintivamente se parapetó detrás de un árbol, justo en el puente, ocultándose de las luces de la usina. El vehículo aminora la marcha para poder atravesar-lo, entonces Yamile observa que el conductor es el mismo hombretón que la salvó del ataque del perro y va acompañado de una de las niñas de la patrona, Cecilia.
 Preocupada, espera que el coche se aleje y cuando quiere salir lo ve dar la vuelta  pasando delante de ella sin ser vista, luego se detiene en el pantano enfrentándose a otro coche que se encuentra con las luces bajas y se aproxima con lentitud.
 Los dos automóviles quedan estacionados frente a frente, unos instantes después, bajan Cecilia y el gigante tomándola de los cabellos tratando de arrastrarla hacia el pantano, mientras ésta se defiende empujando y pataleando con desesperación. Al mismo tiempo, del otro vehículo desciende una mujer cubierta con una capa oscura y le propina una terrible bofetada a la joven y ésta cae desmayada. Es entonces cuando Yamile, indignada, sale a toda velocidad de su escondite y se larga a la carrera hacia ellos, gritándoles:
____ ¡Deténganse, malditos! ¿Qué hacen? ¡Alto, alto! En ese preciso instante el perro reaparece y se lanza sobre el hombre, derribándole al suelo y como una bestia rabiosa comienza a despedazar-lo La encapuchada intenta subir al auto para huir, pero Yamile la alcanza y le golpea la cabeza contra la carrocería del auto, presa de un ataque de ira indescriptible. La misteriosa mujer, herida, se refugia en la parte trasera del coche. Momentos después, el escenario se ve teñido en sangre bajo la escasa luz de las farolas. El perro se le acerca a la chica que está tendida en el suelo con las ropas rasgadas y ensangrentadas y se echa, exhausto, a su lado protegiéndola cómo un soldado que ha ganado una batalla.
____ ¿Qué ha pasado, que haces tú aquí? Pregunta la joven mesera. Y antes de que la niña reaccione y responda, busca el teléfono en su bolsillo tratando de prenderlo.   
____ ¡Maldición! debo llamar a la policía. Y este estúpido celular que no funciona  
____ ¡Mi hermana, salva a mi hermana! Exclama la niña. Y prosigue:
 ____En frente, en la galería… hay un… Después vuelve a desmayarse. Yamile corre hacia las instalaciones, notando que la música de la calesita ya no se oye y algunas luces del interior del bar están prendidas
 Encuentra un conector y lo manipula con gran nerviosismo, mientras con la otra mano sostiene el celular, esperando vuelva a prenderse.  
____ ¡Hola, hola! ¿Policía? Rápidamente, explica todo lo ocurrido y pide una ambulancia.  
El coche de auxilio y los agentes de policía estuvieron a los pocos minutos y después de chequear el lugar vallaron toda el área, mientras los médicos forenses acompañados de un fiscal, levantaban el cuerpo del gigante.
 En el lugar de los hechos, ya se hablaba de violación y  también de la muerte accidental del casero atacado por el perro. Obviamente la víctima de abuso había sido Cecilia, quien fue trasladada rumbo al hospital en estado de shock. Dentro de uno de los autos, custodiada por una mujer policía, se hallaba la misteriosa mujer encapuchada.

 Por curiosidad, Yamile quiso ver con detenimiento el rostro de su atacante, acercándose del lado de la ventanilla. La sorpresa fue perturbadora. Era, nada más ni nada menos, que la dueña del restaurante, su patrona. Ésta  la miró con una mueca diabólica y murmurándole al oído, afirmó
___ ¡Nunca la encontrarán!
 Al día siguiente, los obreros de hidráulica recibieron la orden judicial de refeccionar una bomba des-aguadora para limpiar la ciénaga, buscando evidencias. Así obtuvieron un hallazgo macabro y con la ayuda de los bomberos  rescataron el cuerpo sin vida de Ernestina, la mayor de las hermanas, cubierto de algas y víboras enroscadas en cuello, brazos y piernas. Se determinó que el cuidador del camping, fue el principal responsable del asesinato en complicidad con la poderosa Emilia Márquez, cabecilla de una banda de trata de personas, la única sospechosa detenida por el crimen del pantano.

MILENIUM

MURO DE LOS LAMENTOS, CIUDAD DE JERUSALEN, ISRAEL. IMAGEN ORIGINAL TOMADA EN OCTUBRE DEL 2019



E stamos en épocas de estar todos agolpados en las puertas principales, atropellándonos, con los codos, con los pies, a pisotones.

Empujando con los cuerpos el duro acero, aunque nos duelan los huesos y se nos crispen los nervios.

¡Ya no es tiempo de esperar sino de desesperar, se han consumido las horas ya no hay nada que inventar!

El viento furioso, cortó las voces y los clamores.

¡No hay corazón, falta piedad!

¡El amor es un río que muy pronto se secará! 

No se oirá más su canto en noches de enamorados, ni en canción de cuna, ni en el trinar de los pájaros.

Lamento del tiempo que presagia tormento, aviso final, momento crucial.

Huida nocturna sin luz ni sendero.

 ¡Ha muerto la luna, el sol está de duelo!







QUERUBÍN








N
o hablaré, me duele la voz y el alma.
No tengo palabras para describir el espanto.
¡Que juzgue y aplaque el odio el eterno y soberano, que calme la tempestad como él solo sabe hacerlo!
Me quedaré en silencio ante la tenebrosa oleada y el abismo oceánico que no perdona, que devora vida y devuelve muerte.
Derramará lágrimas el azul universo, entre caballitos y estrellitas de mar, mecerá la espuma tu cuerpo pequeño.
¡Duerme querubín tu sueño eterno!

A LA MEMORIA DEL NIÑO SIRIO

LA MADRE PATRIA Y EL MAR


IMAGEN ORIGINAL DEL MAR MEDITERRÁNEO. ISRAEL









¡Te sé triste y lejana, al otro lado de este inmenso mar!

Te sé pobre y abatida. ¡Madre qué sola estás!
Tus hijos te han abandonado, ya no brilla tu mirar.
Tus pechos se han marchitado, de tanto alimentar, a los tuyos y a los ajenos, que supiste cobijar.
¡Te sé sola y lejana! ¡Ay mi tierra, no sé olvidar!
Desearía cruzar estas distancias, con mis alas volar.
Respirar de nuevo tu buenos aires, reanudar paseos postergados, por tu verde pastizal.
¡Madre que sola estás!
¡Soy, la que te llora, tu hija! ¡Desde éste lado del mar!